jueves 28 de enero de 2010

Cuentos cortos: III

― ¿No es hermosa? ―Preguntaba diariamente el señor Patadi.
Quizás, es la crueldad de la mente que nos engaña para poder seguir viviendo. El instinto de supervivencia. Quizás que el pobre recibió muchos golpes en la vida y terminó por quedar idiota. Esquizofrénico tal vez. Pero yo mismo les digo que fui jefe de este señor que en paz descanse y les aseguro que donde él miraba no había nada. Ni un mísero perchero. Nada. Él absorto aseguraba su existencia tras nuestras negativas.
Ese hombre apenas resguardado de una posible locura, no cabía en sí de admiración al contemplar ese lugar.
― ¿No es hermosa? ―Me djio una vez. Una y otra vez también. Yo humildemente lo ignoraba, me sumergía en mis asuntos que eran mas importantes. No entiendo como existe gente que se interese mas en comprender a otros seres vivos mas que a sí mismo. El mundo no funciona así, ya es hora de verlo.
Un martes lo recuerdo, la voz tenue cerca de mi oído.
― ¿No es hermosa?
Cierro los ojos, los abro y observo con mirada acusadora el punto donde me señala este personaje. Allá a lo lejos, pasando la ventana, pasando el edificio, quizás en otra ciudad. Absolutamente nada. Sin embargo, un sitio recóndito al margen del cielo, que no conocía la oscuridad por alguna extraña razón, ostentaba una claridad inusitada. Maravillosa en su diáfana esencia.
― ¿No es hermosa? ―Bailaba el sonido en mi cabeza. ¿ A qué se refería ?

***

Pasaron varios infernales veranos y paradisíacos inviernos. Esta historia quedó en la memoria de mucha gente. Inconclusas especulaciones terminaron por encasillarlo en el borde de la indiferencia. En un sitio demoníaco. Aquel en donde se sufre de la discriminación y los verdugos de tal acto se bañan en los rios de la ignorancia. Quizás podamos ver las estrellas, atravesar los cielos y las galaxias, pero para el ser humano siempre será un desafío entender los caudales internos, los fueros mas íntimos de otras personas.

***

― ¿No es hermosa? ―Le dije al oído. No sé por qué me esforzaba en comunicarme con una persona incapaz de ver un haz de belleza escondida. Supongo que buscaba aceptación y la satisfacción de haberlo podido compartir con alguien. Hoy era el último día.
Caminé sigilosamente evitando miradas y evitando mirar. Me acerqué de a poco al sitio perfecto. Sin obstáculos en el medio, me ofrecía una clara visión.
Con la piel de gallina vi como se despedía, haciendo formas en el aire en una clara señal de agotamiento. No la vería nunca más. Era muy triste ver como la saltarina y danzante figura desprendía su último fulgor sobre nuestro planeta.
No la vería... nunca más.

***

El pobre muchacho pereció con lágrimas en los ojos, contemplando algo que ningún otro ser podría. Ahora no me dedico mas a ser jefe de nadie. Pinto. Busco en cada rayo de sol, la maravilla de la belleza.