martes, 18 de agosto de 2009

La luz de la amargura

Una de esas noches tranquilas, donde la única luz es el faro del porche, donde el sonido de la vela consumiendose y los dedos de mi papá, inquietos, practicando diferentes ritmos sobre la mesa de madera de roble. Un galopar de caballos, un tamborín en una marcha...
Como mucho el ruido sordo de una rama al caer. O mi respiración. O la de él.
Éstas noches son pocas. Además, las horas se alargan. Ya no sé si falta poco para mañana o mucho para hoy. El viento mueve, soberano de las hojas, a su pasar, todo lo que encuentra fragil y endeble.
Todo lo que hacemos es disfrutar del silencio. Aquel que tememos tanto quebrar con alguna mirada.
Y así, el domingo/lunes terminaba o empezaba. Cíclicamente.
Creí haberme quedado dormido, pero no. Con los ojos entrecerrados todavía veía como a lo lejos, el porche, pero esta vez oscuro. Apoyé la nariz contra el vidrio, intentando tener un ángulo mas amplio y ver algo más. Si, lo logré, pero estaba tan oscuro que era como no mirar. Como cerrar los ojos.

Me quedé dormido.

Dentro de casa se veía muy poco. Algunas zonas eran iluminadas por la luz del baño. Mi papá ya no miraba por la ventana, estaba muy dormido esta vez. A su vez... no estaba todo tan tranquilo. Una vibración oculta, muda e incorpórea. Una sensación inquietante ya reinaba en el cuarto.
Eso me hizo levantar y casi trotar hacia el baño. Traje la única luz que quedaba cerca hasta el comedor de muebles de madera. La apoyé en el piso y me dediqué a mirar a mi padre. No sé cuanto tiempo habré estado en esa incómoda posición. Miraba, miraba, hasta que, como en sueños, noté algo. Claro, ¿ Cómo no me había dado cuenta durante todos esos minutos mirandolo ? Me horroricé al incorporarme. No respiraba.

Me tiré encima, lo palpé, busqué su aliento, alguna señal de vida. Nada. Ese cuerpo ya no hablaba, no latía, no tenía calor. Estaba frío como el vidrio empañado. Ahí lo supe. ¿ O no sabía nada ? Algo me cerraba el círculo lógico de alguna manera, y bastante perfecto que era. ¿ Qué era lo que estaba esperando ?
Abrí la puerta, intentando hacer el menor ruido posible. La atravesé y escudriñé la pared invisible desde la ventana interna. La contemplé unos minutos, otra vez, como ebrio de un sentimiento paralizante.
Ahí estaba yo, buscando algún sentido a una pared oscura. Eso hacía, hasta que oí un sonido detrás mio. Y no viví para contarlo.