viernes, 13 de marzo de 2009

El ángel vagabundo




No existe en el mundo, un lugar que se pueda llamar “Paraíso”. No hay nada en el fin del mundo. No importa lo mucho que amaine el mismo camino continúa y continúa. Aún así…

¿Por qué siempre tengo el mismo deseo?. Puedo oír a alguien llamándome. “Aspira al paraíso”



¿Porque sigo adelante?, ¿Por qué elijo llorar y soñar?, ¿Por qué sigo vagando?

Las interrogantes invaden mi cabeza pero nunca mi corazón.

Lluvia y viento. Frio y oscuridad,

Pero las respuestas están ahí, en mi corazón.

Es tan simple que no las ves. Es tan difícil que no las quieres ver.

Pero no voy a detenerme… voy a seguir caminando bajo la lluvia. Voy a seguir caminando hacia la luna porque sé que es el camino correcto.

¿Porque estoy tan segura?

Porque mi alma te busca como siempre lo hizo y hoy más que nunca te llama. Te llama en silencio y dentro de mi corazón crece una ansiedad. Es esa ansiedad de oír que alguien te llama en silencio, que alguien grita por vos en silencio. El frío vacío que duele y angustia. El estar seguro que es ahí donde hay que buscar y tener miedo miedo de encontrarlo y de no hacerlo.

Esa ansiedad estuvo siempre conmigo hasta el día que se detuvo. Ese fue el día más feliz de mi vida y nunca va a haber otro igual.

Hoy vuelvo a vagabundear esperando hallar las respuestas que no tengo y la ansiedad se intensifica.

Te sigo llamando en la oscuridad…oigo que me llamas vos también. Yo estoy acá haciendo lo que dicta mi corazón vagabundeando hacia la luna. Caminando recto siempre hacia la luna, hasta el fin del mundo y siempre hacia la luna.








Sally.-

miércoles, 11 de marzo de 2009

Con una rosa en la mano



Él, hace mucho, decidió distinguir caminos.
Ella, lloraba rogando por ver los mismos adoquines.
Él, con una rosa en la mano, se armó, resistió tentaciones.
Ella lo buscaba. Él también.


Ellos se encontraron a la vuelta de un arcoiris,
donde la tierra sueña, lejana entre la floresta.
Ella comprendió, y salvajemente creció al son de la cruda maleza.
Él sobrevivió a los litigios de la razón y el sentimiento.


Ella construyó su senda. Él durmió en brazos fríos.
Ellos deambularon juntos nuevamente sobre un nuevo destino, pelearon y maduraron.
Ellos forcejearon por la posesión inhóspita de un consuelo desgarrador y mentiroso.


Ella decidió distinguir caminos, él, lloraba rogando por ver los mismos adoquines.
Ella, con una rosa en la mano, se defendió, negó tentaciones.
Él se armó de valor.


Dos amores separados por dos carriles, con el horizonte de por medio, marchan infinitamente hacia donde se pone el sol.
Lo supieron ver, y ahora, con una rosa en la mano, esperan y sueñan.