martes, 17 de noviembre de 2009

Un camino y un recuerdo.

Con vos seríamos dos entonces. Dos pelotudos. No traje mate, ni yerba. No traje ganas de ir, ni de volver. ¿ Qué carajo estaremos haciendo acá ? La pendiente es bien pronunciada. Hay cactus en los sendos laterales del camino. El sol brasea la piel, sin embargo hace frío. Mi compañera, y haciendo gala de su cuerpo oriundo de zonas mas cálidas, tirita frotándose los brazos.
Cansados, como comiendo la senda llena de piedras, miramos constantemente para arriba, intentando divisar el final de semejante desafío.

Los ruidos sordos, lejanos, aspiraban a retraerse. Era necesario el aliento mutuo para seguir. La respiración se nos entrecortaba, como una señal vívida de excitación.

Unos metros mas y llegamos, me digo a mi mismo: unos metros mas. Ella, se queja mas que yo. O eso creo. No me escucho a mí mismo. Pareciera que todo lo externo está en nuestra contra.
A lo lejos, azul. Inmediatamente cerca, amarillo, árido, ríspido.

Era necesario desnudarse, de otro modo se volvía complicado.

Se vuelve a quejar. Vamos ya 2 horas desde que partimos. Esperamos aunque sea divisar lo que se supone que nos espera. Nada. Sigue todo tan despejado y arenoso... En eso, descansamos en una piedra.

Al apoyarse sobre mi, siempre lograba ponerme la piel de gallina, me quemaba vivo la audaz distancia nula entre nosotros.

Nos volvemos a parar y a emprender la marcha. Ya quedan igual de lejos la partida y la llegada. ¿ Qué hay que hacer en estos casos?

Mientras iba subiendo, corrompía cada trozo de mi cuerpo, haciendo que éste la desee de maneras insospechables. Pero ahora, era mi turno. Yo subí. Yo la manejé. Era tanto lo que quería hacer que no sabía por dónde empezar.

Allá lejos creo que se ve algo, me dice apenas pudiendo mover los labios. Efectivamente, algo es. ¿Pero qué? Seguro que no lo que imaginaba antes de emprender esto, que hasta ahora no dio mas que insatisfacciones.

Intenté que el ritmo, humano, musical y armonioso, desenfundara emociones y sensaciones tapadas, que solo se aprecian en momentos como aquel. No me alcanzaban las manos para abrazarla. Le dije algunas palabras al oído, siempre olvido cuales fueron, pero seguro que se me ocurrirían nuevamente.

-¡Llegamos! -Grito con todas mis fuerzas para levantar el escaso ánimo.
Ya es de noche. Sin embargo no es el frio lo que me hace sentir solo. Es la muerte que pasó por mi oreja. Al costado, yace. Muerta por inanición.

Al terminar, solo una sonrisa, dice, habla, ¿agradece?, el momento vivido. La pieza llena de vapor, empañados los espejos y revueltas las sábanas. Aquellos ojos eran sinceros. Ojos que comían, besaban con abrigos cada inquietud y miedo que yo podía poseer. El aposento pasaba a ser un confín, un lugar único. Y aquí esta parte termina, ya, lamentablemente el resto se lo llevó el viento.

No puedo enterrarla. Tengo que seguir con paso firme. Eso que habíamos visto, no era tal, sino otra cosa. La felicidad aún se encuentra mucho mas lejos.

1 comentario:

Sally dijo...

Me encanta como transportan tus textos negri!