martes, 17 de junio de 2008

Camino a la luz del baño del quinto piso

Otra historia de caminos... Para entender este relato, va a ser necesario que introduzca un prólogo. Pero ese prólogo va a ser parte de la historia también, asi que no sé para que lo especifico.


Camino a la luz del baño del quinto piso

José Bernabé Gimenez del Valle trabajaba en un edificio de varios pisos. Actualmente prestaba servicios a la empresa de telecomunicaciones argentinas sociedad anónima. Desde su oficina en el primer piso, solía mirar a traves del ventanal como las gotas se deslizaban lentamente, esparciendose por cada centímetro recorrido hasta finalmente caer con un estruendo en el piso. Sí, solía hacer eso, menos laburar, que era para lo que la empresa (desde ahora llamada T.A.S.A.) le pagaba.

A José, la mayoría de las falencias en materia de infraestructura del edificio lo tenían sin cuidado. Soportaba tropezarse con los relieves que formaba la alfombra hinchada de humedad, espantar a una cierta clase de bichos negros voladores que rondaban alrededor de la cafetera, caerse de espalda al piso cuando los respaldos de las sillas se escapaban cautelosamente de sus goznes, o que las computadoras, cada tanto, se tomaran franco sin previo aviso y con los ojos en negro contemplasen la estupefacción reflejada en el rostro de Bernabé.

Pero, sin embargo, como en todo cuento existe un sin embargo, un signo que marca una anomalía en el equilibrio del desarrollo. Ese, con embargo, era el baño. Para Bernabé, debajo de la comunión, la eucaristía o la extremaunción, estaba el baño en la lista de ritos espirituales. Se podría detallar, que era el baño el núcleo de deterioro empresarial. Aquel sanitario, ubicado en el tercer piso, era, por demás, muy poco digno de un ser humano.

Bernabé no me reveló cuáles eran exactamente esos detalles característicos que poseía el baño que convertían a un vendedor de biblias en cualquier inescrupuloso vendedor de droga. Imaginemos que son realemente serias. Tan serias que hasta el mismísimo Belcebú se quejaría de cuan inhóspito es.

Era un martes a la tarde. El ascensor tardaba más de lo habitual y la humilde vejiga del susodicho no estaba para bromas. Tomó la decisión de utilizar las escaleras, aunque horribles rumores ronden alrededor de las experiencias contadas.

Ceci, por ejemplo, dio claras indicaciones de como lograr mediante una conbinacion de peldaños en la escalera, que logren limpiarte la cera del oído con un destornillador (y mi sagaz lector, interprete correctamente el vocablo "logren" que indica pluralidad de verdugos con master en otorrinolaringología). Ahora Paula; fue bien específica: aseguró que llevaba nombre quien intentó tomarla de las piernas con intenciones nefastas y tras fallar correrla hasta la planta baja. Era Cristian Espósito. Nadie nunca supo de qué manera lo había averiguado.

Sí. Tras hacer una leída rápida de sus pensamientos; ponderó vejiga sobre destornillador y piernas. Seguro de su análisis, <>, se lanzó a las estructuras de cemento reforzado con barandas de hierro.

Al apoyar un pie sobre el primer peldaño, una ráfaga de duda le ensombreció el semblante. Al segundo, se secó la frente. Ya en el tercero lo supo: era una escalera. Se manejó de la manera habitual para proceder a subirla. De esta manera llegó al quinto piso. La escalera terminaba en un pequeño vestíbulo con tres puertas. Él tomó la de la izquierda. Pudo divisar un largo pasillo angosto hecho de mamparas de acero, divididas cada metro por columnas, de manera que parecían puertas. Algunas tenían picaporte a la izquierda, otras a la derecha; también había picaportes en lugares extraños, inusitados, extravagantes. Cuando cae de bruces en el piso y su cabellos rozan un chicle pegado con mucha fuerza en el suelo de baldozas, nota que la pérdida de su equilibrio fue debida a un traspié con un picaporte.

Espero que no se ofendan, pero como buen relator, debo repetir exactamente las palabras de Ber. Él dijo "La puta; ¿Quién carajo puso un picaporte en el piso?". Perdonenmé si sonó fuerte, sigamos. Además, yo sé que fue un hombre, por lo que la frase quedaría invalidada por un grave error gramatical. O quizá sea sintáctico, bueno, nunca entendí muy bien cual es cual. No me juzguen, soy un simple relator.

Muy bien, al parecer, el pasillo estaba llegando a su fin. Poco a poco, el techo y las mamparas comenzaban a teñirse, a perder luminosidad, como si algo gigantezco los ensombreciera. ¡Corre! ¡Corre!, ¡Sé libre, líbrate de las penurias en las que te envuelve la empresa al privarte de derecho tan simple como un baño digno y cerca! Si tienen la oportunidad, escuchen el tercer acto del verano de la obra de las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi. O el primer acto del invierno, ambos son válidos para entender musicalmente esta situación. Ciertamente, el pasillo no era lo suficientemente largo para darle distancia cual pista de aterrizaje a que nuestro empleado pueda correr desesperadamente como lo hizo al cebarse con la música de Vivaldi que un lector se bajó y escuchó. Resultado: 8 puntos en la cabeza, unas bofetadas, la antitetánica, una caja de antibióticos recetados por el doctor Hashmap y unas horas en el hospital.

--> Al otro día.

¿A dónde llevaría ese pasillo? La pregunta que revoloteaba como la bolsa voladora en belleza americana en la cabeza del señor del Valle cuando examinaba nuevamente desde el vestíbulo, aquel pasillo suculentamente enpicaportado. Lentamente, recorría golosamente con los ojos entrecerrados los picaportes. Los había marrones, dorados, de color madera, grises, plateados, negros, azules, verdes, ocres, amarantos, argenes, cerúleos y otros más. Otra vez se internó en las profundidades del pasillo. Agachandose, caminando de costado oportunamente para esquivar picaportes que ahora, ademas de salir del piso, colgaban felices del techo o simplemente flotaban. A medida que comenzaba el fin del pasillo, la atmósfera se espesaba de tantos picaportes. Ya le era difícil ver, hasta que de pronto... se aclara todo, como mi mamá me aclara los pantalones cuando in promptu arremete con lavandina al lavarropas que pobre, no sabe reaccionar ante tal inminente ataque. Puede divisar el final, que es el pie de un precipicio en donde comienza un puente colgante hecho con troncos de cipreces que lleva hasta el otro lado, en donde se identifica, de manera muy definida a la distancia, quizá sea por su olor cutre a echo en el balde, o por su fragancia a detergente; un baño con la puerta sobre sus goznes (característica difícil de encontrar en los demas baños del edificio)



Ésto es un mingitorio o un inodoro ? Los científicos no saben.



Ansioso se arroja sobre el puente para sucumbir en sus mingitorios (sí, para aquellas personas que le decían migitorio; es miNgitorio), o percibir la dulzura del agua del lavamanos. Quizá también para llenar su oído de música al escuchar el agua correr por la cañería al dejar la canilla abierta. Avanza sobre el puente que cuelga y se mece agresivamente. De los costados caen alabardas que se clavan en los troncos dejando marcas, cicatrices mortales sobre la madera. Esquiva uno, otro le roza la oreja al caer y el último cae sobre una de las cuerdas matrices del camino volador. Comienza a perder estabilidad, él sabe que el derrumbe es cuestión de segundos. Corre con sus últimas fuerzas mientras exclama "¡¡¡¡Jumanji!!!!", ya que el recuerdo de la película le da fuerzas. Sus dedos rozan la superficie del fin del camino en movimiento. Llega por fin. Se sienta en el piso y llora de la emoción. A salvo, decide seguro ir al baño y explorarlo. Quizá nunca mas lo disfrute. Entra, todo era como lo imaginó, el echo en el balde, el detergente... los inodoros limpios. Con gran dignidad, se baja el cierre y se dispone a orinar en el lustrado, brillante, ansiado y magno mingitorio. Eso sí, antes, usa el picaporte correspondiente.

FAQ: (frecuently asked questions; preguntas frecuentemente preguntadas):

¿Está usted drogado?

No.


Dedicado a Sally, ya que surgió de una conversación con ella.

Gracias por haberlo leido, espero que sigan viniendo por acá.

lunes, 9 de junio de 2008

No esperen humor por un rato


Los tipitos-Silencio

Silencio que no es silencio
Alguien se levanta otro viene a buscar
Ella trae algo que no busco y espero.
Silencio que no es silencio
Calles y lugares se cuelgan de mí

Toda mi camisa esta llena de anzuelos
Silencio, espero el silencio
Un montón de bocas como parlantes
Saturan el aire

Hoy mi corazón se aturde de silencio
Hablando solo cuando es tarde
Y ya no hay nada mas que hablar
Hoy que mi corazón se agita en silencio
Por los gritos del amor

Silencio que no es silencio
Surfeando mi camino que creo está bien
Sinuoso camino de arena y de mar

Silencio, espero el silencio
Un montón de bocas como parlantes
Saturan el aire.

Hoy mi corazón se aturde de silencio
Hablando solo cuando es tarde
Y ya no hay nada mas que hablar.
Hoy que mi corazón se agita en silencio
Por los gritos del amor

Hoy mi corazón se aturde de silencio
Hablando solo cuando es tarde
Y ya no hay nada mas que hablar.
Hoy mi corazón no encuentra el silencio
Por los gritos, revelados, del amor.