martes, 20 de mayo de 2008

Guillén Nicolás, y una reflexión

GUILLÉN, NICOLÁS
(1902-1989)


La Muralla

Opinión


Breve reseña del escritor

Poeta cubano al que se le considera un genuino representante de la poesía negra de su país.

Trabajó como tipógrafo antes de dedicarse al periodismo y darse a conocer como escritor. Desde su juventud participó intensamente en la vida cultural y política cubana, lo que le costó el exilio en varias ocasiones. Ingresó en el Partido Comunista en 1937, y tras el triunfo de la Revolución cubana en 1959 desempeñó cargos y misiones diplomáticas de relieve.

Inició su producción literaria en el ámbito del posmodernismo y la afianzó en el de las experiencias vanguardistas de los años veinte, en cuyo contexto se convirtió pronto en el representante más destacado de la poesía negra o afroantillana. Sin renunciar a otras posibilidades, en Motivos de son (1930), Sóngoro cosongo. Poemas mulatos (1931), West Indies Ltd. (1934) y poemas dispersos en libros posteriores, usó todos los recursos característicos de esa poesía con la voluntad de lograr una expresión auténtica para una cultura mulata, la propia de un país mulato como él mismo, y manifestó una preocupación social que se fue acentuando con el paso de los años.

Desde West Indies Ltd., evolucionó rápidamente hacia esas preocupaciones políticas y sociales: en Cantos para soldados y sones para turistas (1937), El son entero (1947) y La paloma de vuelo popular (1958), mostró su compromiso con la patria cubana y americana, con sus hermanos de raza y con todos los desheredados del mundo, mientras en España. Poema en cuatro angustias y una esperanza (1937) acusó el impacto de la Guerra Civil española y el asesinato de Federico García Lorca. Crítico con la injusticia y el imperialismo, eso no le impidió verse afectado por las inquietudes neorrománticas y metafísicas que también dominaron la literatura de esa época, pues el amor y la muerte son también temas fundamentales en su poesía. Con Tengo (1964) manifestó su júbilo ante la Cuba revolucionaria, y Poemas de amor (1964), El gran zoo (1967), La rueda dentada (1972), El diario que a diario (1972) y Por el mar de las Antillas anda un barco de papel. Poemas para niños y mayores de edad (1977) demostrarían su capacidad para conjugar preocupaciones diversas y encontrar formas de expresión siempre renovadas. En Prosa de prisa (1975-1976) se han recogido sus trabajos periodísticos.


PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO


Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Víctor Hugo.

Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
¡exacto¿ en que murió Bismark.

Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
¡Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel!

Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.

Un favor:
que te hablen siempre en español.


La muralla

Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
los negros sus manos negras,
los blancos sus manos [blancas.
Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte.
- ¡Tun, tun!
- ¿Quién es?
- Una rosa y un clavel ...
- ¡Abre la muralla!
- ¡Tun, tun!
- ¿Quién es?
- El sable del coronel ...
- ¡Cierra la muralla!
- ¡Tun, tun!
- ¿Quién es?
- La paloma y el laurel ...
- ¡Abre la muralla!
- ¡Tun, tun!
- ¿Quién es?
El alacrán y el ciempiés ...
- ¡Cierra la muralla!
Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla ...
Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte ...


Opinión de la autora del post


Los libros nos transportan a todo tipo de lugares. Yo creo que un elige en relación a lo que piensa. Cada pensamiento y sentimiento venido de lo más profundo del corazón y siempre acompañado por la bondad, no puede ser malo. Cada idea salida de la buena voluntad y las ganas de ayudar a los otros y a uno mismo siempre tiene un buen fin. Con lo que escribo yo no pretendo cambiarle la cabeza a nadie, cada uno debe pensar por si mismo y adoptar las ideas que vayan mas acorde con lo que grite su corazón.

Cuando yo era muy chica mi papá me contaba antes de irme a dormir los cuentos de la selva de Horacio Quiroga. Yo me fascinaba tanto con estas historias, que mi papá no necesitaba del libro para contármelas, ya que se las sabia de memoria de tanto repetirlas. Mi mamá me cantaba La Muralla, texto del escritor cubano citado arriba. Una canción para niños con un enorme contenido social y político; como después de grande noté en todos los cuentos y canciones, como buena hija de padre comunista. Por alguna no extraña razón siempre razonaba en mi cabeza “vamo arriba la celeste” sin saber que significaba. Hoy después de muchos años me encontré con un libro de Guillén y me trajo muchos recuerdos y sentimientos nuevos. Un fuego dentro de mi corazón se prendió. El mismo fuego que siento al escuchar una canción de Zitarrosa acerca de los negros o los militares. Una canción de los Olimareños sobre los obreros y la mala paga.

Hija de madre argentina y padre uruguayo “se me cae un lagrimón” al volver a través de la música a Montevideo. Las ideas y los pensamientos vienen de muchos lados, después de leer La paloma de vuelo popular me di cuenta de lo lejos que estamos o están muchos argentinos de una mente así. De una cultura basada en la autonomía y el ritmo. Quiero resaltar que no use la palabra “libertad” ya que esta es una palabra peligrosa.

Peligrosa porque tiene muchas interpretaciones. Es casi tan peligrosa como la palabra sistema y me siento igual de hipócrita al pronunciarlas a ambas al referirme a Cuba. (Ni hablar de escribirlas). ¿Que es la libertad? Erich Fromm le dedicó todo un libro a esa palabra. “El miedo a la libertad” Voy a citar una parte que explica un poco a donde apunto con todo esto:

“Otro factor importante dentro de la situación, si bien éste no estaba del todo ausente en la sociedad medieval el sistema económico feudal se basa en el principio de la cooperación y estaba regulado __o regimentado__ por normas capaces de restringir la competencia. Con el surgir del capitalismo estos principios medievales cedieron lugar cada vez mas al principio de la empresa individualista. Cada individuo debe seguir adelante y tentar la suerte. Debía nadar o hundirse. Los otros no eran ya sus aliados en una empresa común; se habían vuelto sus competidores y frecuentemente el individuo se veía obligado a elegir entre su propia destrucción o la ajena.”

Por eso digo; estamos dentro de un sistema (si, todos) donde a donde vayas te enseñan a mirar para otro lado. Donde el pensar es pecado y el intercambio de ideas es de gente que no es “cool!”. Yo quiero decir, si una isla chiquita puede decir que no, que prefiere mirar y no cerrar los ojos. Que prefiere bailar a dormir. Que prefiere hacer las cosas entre todos y no individualmente. Todos podemos.

Yo veo a Argentina como un país lleno de intelecto y gente capaz. Pero seguimos viviendo en una dictadura Los militares se fueron, pero su forma de hacer las cosas sigue estando en la cotidianeidad de todos. Todo lo hacemos pensando en nosotros. Siempre la individualidad, siempre todo de a uno o de a dos. La teoría de los conjuntos se hizo para usarla, no para memorizarla.

martes, 13 de mayo de 2008

Camino a la luz de los cipreses


En las flores donde encontraba paz. Claro que no me refiero al pueblo, sino a la estructura reproductiva de las fanerógamas. Besando la tierra, enrollándome entre pasto y malezas, nuevamente encuentro la paz. Alejado de todas esas situaciones que corren como veneno sobre nuestro temple, sobre nuestra conciencia y trae a nosotros las más miserables ideas de supervivencia. ¿Para que seguimos? o ¿cómo termina esto? Repito, que alivio, la naturaleza es sabia y escucha. En silencio, sí, pero escucha. Hasta a veces puedo oír sus contestaciones. Con perfumes, canto de pájaros y viento; quien sabe… quizá ella me diga algo. Seguro que tendría muchas cosas para decirme, es vieja, conocedora de razones y de consecuencias.

A mediados de mayo, donde disfruto ese clima, frío pero cálido.

Desolador pero en compañía. Es ahí, en ese clima donde se me ocurre… no sé si fue idea mía o del ave de dimensiones visibles que se posó en el tronco seco de un viejo árbol.

¿Un viaje? Me dijeron casi a coro en mi casa.

¡Sí, un viaje! Terminar con esta rutina que agobia de manera tan despiadada.

Y ahí es cuando ellos se miraron, fijos como en una foto, impertérritos sin saber qué decir. Uno a veces saborea una reacción cuando ésta es muy esperada; bueno, era éste el caso. Yo sabía, conocía la matriz que determinaba a mi familia. Y sabía perfectamente hasta donde ellos eran capaces de soportar mi desvanecimiento como integrante, como persona conciente de su entorno. Yo cada vez estaba más arraigado de ellos. Y era como esas cosas que se le vienen encima a uno, una situación limite, una bola de nieve que cae como avalancha y amenaza con aplastarnos sin dejarnos oportunidad a escapar.

Esas cosas de las que uno intenta ensordecerse y pensar en otra cosa, pero ellas siempre están ahí en todas partes. En una frase salida de la boca de un niño que juega en la plaza. En el susurro de las paredes, en la voz del viento. Es huir desesperadamente de algo que está en el interior de uno mismo es casi imposible, inequívoco e inevitable.

El momento es ayer tu corazón ruge en solo pensarlo, tu piel se tensa y la sangre hierve de tan solo imaginarlo. Pero luego…Lo inevitable automáticamente y a la velocidad de un rayo es abordado tu cabeza de imágenes y sonidos. Son las consecuencias de tus actos tu maldito subconsciente otra vez ha destrozado tu paraíso. Lo destroza ferozmente como un león hambriento a su presa. Te tomas la cabeza como un desquiciado intentando agarrar tus pensamientos, arrancarlos de tu cabeza y acabas en el suelo llorando.

Un viaje te alejaría de todas esas cosas que tientan tu deseo. Irte lejos de la gente, de la rutina, de la mediocridad. Me dije.

Visiblemente afectado, aunque poniéndome de pie nuevamente, decido entablar algo conmigo mismo. Una pequeña tregua al menos que esclarezca las cosas. Es en el sillón del estudio, mirando la ventana con una taza de alguna infusión que no recuerdo; veo el parque. Donde jugaba con mis primos a cualquier cosa que nos viniera a la mente. Me decido a ir.

—No tenés suficiente edad aún para eso. —Dijo mi padre con cierta sorna en el tono.

Este es el momento en pensar en mí y no en los demás. Yo lo necesito. Aunque, claro, mentiría. Ellos ni imaginan cual es el lugar a donde pienso ir; de hecho es muy posible que piensen en un sitio terrenal, separado de mi casa solo por distancia. No. Tengo en mente ir hacia ese lugar prohibido, que da vueltas en mi cabeza hace algún tiempo; aquel que nadie conoce pero todos temen. Aquel que conocí por accidente.

Todos se fueron ya, el sol está por dormir ya, y los fuegos acumulan gente en puntos comunes. Es bastante molesto oír la alegría de esos grupos alrededor de las llamas cuando uno se siente tan solo. Y pisando hojas, escuchando como crujen y se desarman dejando miles de pedazos que luego vuelan hasta las lenguas de fuego; comienzo a alejarme. Todo un desafío para aquellos pedazos que me seguían. Uno, dos, tres o mil minutos, no sé muy bien. El tiempo estaba únicamente en función de lo que sentía. Ya no pasaban las horas. Los árboles, oscuros, se esconden tras no sé qué, pero dejo de verlos por alguna razón.

Comienza a existir una explanada. En donde los árboles se retiran, en donde solo hay suelo caliente. El aire se cuela por entre la tela y me hace tiritar. El valor inicia su escape para dejar a su enemigo, el miedo. Me inunda, me rellena. Sin embargo, y otra vez repito cuando no encuentro razones al menos humanas, nunca estuve tan cálido y nunca estuve tan acompañado. En las profundidades del bosque cubierto por un manto de hojas esta ella. La puerta de mi santuario, un escondido lugar donde puedo descansar rodeado de belleza y de calidez. Solo yo conozco la entrada del santuario natural. Cruzando los árboles más altos de todos, los cipreses, se encuentra mi altar. Los últimos ladrillos verdes cubiertos de hierbas que algún día formaron parte de una majestuosa iglesia.

—¿Donde estabas? Me dijo Mary que no fuiste a su casa en todo el día. ¿No se suponía que estarías en lo de tu abuela hoy? Sabes que es una mujer grande y necesita la compañía de alguien. Sos un desconsiderado, siempre pensando en vos. ¡Egoísta!

Voces mientras caminaba por el corredor de mi casa, las mismas voces de siempre. Uno aprende a no escucharlas con el tiempo siempre los mismos tonos.

Paz al fin, recostado en mi cama las voces se alejaron, puedo hundirme en mis sueños.

En mis sueños mi santuario brilla con la luz de la luna como si estuviera rodeado de ángeles. Una humedad suave envuelve mi rostro y mis manos casi como una caricia pasa entre mis dedos y se cuela entre mi ropa. Mi santuario, mi lugar especial aquí nadie puede encontrarme, aquí soy bueno, aquí estoy en paz.

Me despierto a la madrugada, mis manos estaban sudadas, pero en mi había una extraña sensación, algo que no había sentido nunca. Había sucedido nuevamente, eso seguro, pero esta vez; había algo más. Algo que me dejaba intranquilo y que me hacía sudar en las partes bajas.


Apoyo los pies en el piso, noto que están mojados. Comienzo a caminar, atravieso la puerta, mas allá, lejos, diviso un bulto. No me sorprendería haberlo hecho de nuevo. Lejos, cuerpo inerte. Ya no volvería a hablar. Decidí que ésta sería la última víctima de mi maldita y enfermiza rutina.

Me despierta mucha curiosidad su interior. Nunca me animé a entrar. Su luz es tan poderosa que tan solo mantenerme a una cauta distancia logra purificar mi podrida alma.

Los cipreses, viejos y altos cipreses; ¿Qué dirán? ¿Por qué apuntan al cielo? Ya está, ya los había pasado. Comencé a sentir el candor, esa sensación cálida que baña mi cuerpo y me libera de las culpas. Allí lo entendía… ahí era capaz. La muerte no es más que la conclusión en vida de nuestros planes. Yo los ayudé a concluir a todos ellos. Mi santuario, él me entiende. Soy una buena persona. No hice más que acelerar un proceso inevitable del que nadie se salva. Les ahorré sufrimiento y decepción.

Luego, siempre que miro atrás para volver a través del camino de los cipreses; veo de soslayo a la entrada. El origen de tanta luz… el origen de mi destino.

Ésta vez iba a entrar. Estaba solo, nadie me observaba, nadie se haría cargo de mí pasara lo que pasara ahí dentro. El calor era cada vez mayor. Comenzaba a sentirme extrañamente húmedo en mi cuerpo. Y de golpe, en el piso me hallaba protegiendo mi cara de tanta luz. El contacto de mis dedos con el picaporte produjo tal efecto. Y allí, en el piso, apoyándome en mi propio brazo, supe que, sería la última vez que viera luz.

Estaba ahí a punto de entrar en mi santuario por primera y última vez entraría en las catacumbas que es lo único que quedo intacto ya que se encuentra bajo tierra y solo yo conozco la entrada. Estoy en el marco de la puerta este es el momento que tanto eh anhelado voy a descansar al fin libre de pecados y de culpas una vez dentro podré dormir eternamente sin preocuparme por mis victimas ya que estaré limpio y tranquilo.

Pero una luz de linterna distrae mi atención, es un hombre vestido de campera gris, lleva algo en el brazo izquierdo.

—Eres el nieto de Mary, nosotros te conocemos sabemos lo que hiciste. —Me dijo aquel hombre poniendo una linterna en mi rostro.

La luz me impedía ver su aspecto y todo a mí alrededor, mas figuras humanas vuelven a rodearme.

¡No lo permitiré debo atravesar la puerta no pueden quitarme mi inquisición!.

Dentro de mi desesperación intento voltearme y dejo de prestarles atención, creo escuchar algo sobre una mano propia e intento huir.

Empiezo a correr dentro del bosque pero me están cazando, busco mi libertad no escapo de ellos, sino de un destino que no pretendo cargar sobre mis hombros. Como una llovizna un domingo a la tarde; siento el desgano de una situación fuera de mi control. Busco abatir esta situación, buscar una salida que esta fuera de los márgenes de mi propia mente. Como si buscara en mi interior una respuesta a mis deseos y mis consecuencias. Era en las flores donde encontraba paz. Claro que no me refiero al pueblo, sino a la estructura reproductiva de las fanerógamas. Besando la tierra, enrollándome entre pasto y malezas, nuevamente encuentro la paz. Alejado de todas esas situaciones que corren como veneno sobre nuestro temple, sobre nuestra conciencia y trae a nosotros las más miserables ideas de supervivencia. En mi cabeza la imagen de la puerta, el final podría haber sido muy distinto, Mi final.



Ésta historia la escribimos Sally y yo gracias a un .doc en una carpeta compartida en el laburo. La idea se engendró de a dos y paulatinamente. Muchas gracias por haberla leído.