En las flores donde encontraba paz. Claro que no me refiero al pueblo, sino a la estructura reproductiva de las fanerógamas. Besando la tierra, enrollándome entre pasto y malezas, nuevamente encuentro la paz. Alejado de todas esas situaciones que corren como veneno sobre nuestro temple, sobre nuestra conciencia y trae a nosotros las más miserables ideas de supervivencia. ¿Para que seguimos? o ¿cómo termina esto? Repito, que alivio, la naturaleza es sabia y escucha. En silencio, sí, pero escucha. Hasta a veces puedo oír sus contestaciones. Con perfumes, canto de pájaros y viento; quien sabe… quizá ella me diga algo. Seguro que tendría muchas cosas para decirme, es vieja, conocedora de razones y de consecuencias.
A mediados de mayo, donde disfruto ese clima, frío pero cálido.
Desolador pero en compañía. Es ahí, en ese clima donde se me ocurre… no sé si fue idea mía o del ave de dimensiones visibles que se posó en el tronco seco de un viejo árbol.
—¿Un viaje? —Me dijeron casi a coro en mi casa.
—¡Sí, un viaje! Terminar con esta rutina que agobia de manera tan despiadada.
Y ahí es cuando ellos se miraron, fijos como en una foto, impertérritos sin saber qué decir. Uno a veces saborea una reacción cuando ésta es muy esperada; bueno, era éste el caso. Yo sabía, conocía la matriz que determinaba a mi familia. Y sabía perfectamente hasta donde ellos eran capaces de soportar mi desvanecimiento como integrante, como persona conciente de su entorno. Yo cada vez estaba más arraigado de ellos. Y era como esas cosas que se le vienen encima a uno, una situación limite, una bola de nieve que cae como avalancha y amenaza con aplastarnos sin dejarnos oportunidad a escapar.
Esas cosas de las que uno intenta ensordecerse y pensar en otra cosa, pero ellas siempre están ahí en todas partes. En una frase salida de la boca de un niño que juega en la plaza. En el susurro de las paredes, en la voz del viento. Es huir desesperadamente de algo que está en el interior de uno mismo es casi imposible, inequívoco e inevitable.
El momento es ayer tu corazón ruge en solo pensarlo, tu piel se tensa y la sangre hierve de tan solo imaginarlo. Pero luego…Lo inevitable automáticamente y a la velocidad de un rayo es abordado tu cabeza de imágenes y sonidos. Son las consecuencias de tus actos tu maldito subconsciente otra vez ha destrozado tu paraíso. Lo destroza ferozmente como un león hambriento a su presa. Te tomas la cabeza como un desquiciado intentando agarrar tus pensamientos, arrancarlos de tu cabeza y acabas en el suelo llorando.
—Un viaje te alejaría de todas esas cosas que tientan tu deseo. Irte lejos de la gente, de la rutina, de la mediocridad. —Me dije.
Visiblemente afectado, aunque poniéndome de pie nuevamente, decido entablar algo conmigo mismo. Una pequeña tregua al menos que esclarezca las cosas. Es en el sillón del estudio, mirando la ventana con una taza de alguna infusión que no recuerdo; veo el parque. Donde jugaba con mis primos a cualquier cosa que nos viniera a la mente. Me decido a ir.
—No tenés suficiente edad aún para eso. —Dijo mi padre con cierta sorna en el tono.
Este es el momento en pensar en mí y no en los demás. Yo lo necesito. Aunque, claro, mentiría. Ellos ni imaginan cual es el lugar a donde pienso ir; de hecho es muy posible que piensen en un sitio terrenal, separado de mi casa solo por distancia. No. Tengo en mente ir hacia ese lugar prohibido, que da vueltas en mi cabeza hace algún tiempo; aquel que nadie conoce pero todos temen. Aquel que conocí por accidente.
Todos se fueron ya, el sol está por dormir ya, y los fuegos acumulan gente en puntos comunes. Es bastante molesto oír la alegría de esos grupos alrededor de las llamas cuando uno se siente tan solo. Y pisando hojas, escuchando como crujen y se desarman dejando miles de pedazos que luego vuelan hasta las lenguas de fuego; comienzo a alejarme. Todo un desafío para aquellos pedazos que me seguían. Uno, dos, tres o mil minutos, no sé muy bien. El tiempo estaba únicamente en función de lo que sentía. Ya no pasaban las horas. Comienza a existir una explanada. En donde los árboles se retiran, en donde solo hay suelo caliente. El aire se cuela por entre la tela y me hace tiritar. El valor inicia su escape para dejar a su enemigo, el miedo. Me inunda, me rellena. Sin embargo, y otra vez repito cuando no encuentro razones al menos humanas, nunca estuve tan cálido y nunca estuve tan acompañado. En las profundidades del bosque cubierto por un manto de hojas esta ella. La puerta de mi santuario, un escondido lugar donde puedo descansar rodeado de belleza y de calidez. Solo yo conozco la entrada del santuario natural. Cruzando los árboles más altos de todos, los cipreses, se encuentra mi altar. Los últimos ladrillos verdes cubiertos de hierbas que algún día formaron parte de una majestuosa iglesia.
Los árboles, oscuros, se esconden tras no sé qué, pero dejo de verlos por alguna razón.
—¿Donde estabas? Me dijo Mary que no fuiste a su casa en todo el día. ¿No se suponía que estarías en lo de tu abuela hoy? Sabes que es una mujer grande y necesita la compañía de alguien. Sos un desconsiderado, siempre pensando en vos. ¡Egoísta!
Voces mientras caminaba por el corredor de mi casa, las mismas voces de siempre. Uno aprende a no escucharlas con el tiempo siempre los mismos tonos.
Paz al fin, recostado en mi cama las voces se alejaron, puedo hundirme en mis sueños.
En mis sueños mi santuario brilla con la luz de la luna como si estuviera rodeado de ángeles. Una humedad suave envuelve mi rostro y mis manos casi como una caricia pasa entre mis dedos y se cuela entre mi ropa. Mi santuario, mi lugar especial aquí nadie puede encontrarme, aquí soy bueno, aquí estoy en paz.
Me despierto a la madrugada, mis manos estaban sudadas, pero en mi había una extraña sensación, algo que no había sentido nunca. Había sucedido nuevamente, eso seguro, pero esta vez; había algo más. Algo que me dejaba intranquilo y que me hacía sudar en las partes bajas.
Apoyo los pies en el piso, noto que están mojados. Comienzo a caminar, atravieso la puerta, mas allá, lejos, diviso un bulto. No me sorprendería haberlo hecho de nuevo. Lejos, cuerpo inerte. Ya no volvería a hablar. Decidí que ésta sería la última víctima de mi maldita y enfermiza rutina.
Me despierta mucha curiosidad su interior. Nunca me animé a entrar. Su luz es tan poderosa que tan solo mantenerme a una cauta distancia logra purificar mi podrida alma.
Los cipreses, viejos y altos cipreses; ¿Qué dirán? ¿Por qué apuntan al cielo? Ya está, ya los había pasado. Comencé a sentir el candor, esa sensación cálida que baña mi cuerpo y me libera de las culpas. Allí lo entendía… ahí era capaz. La muerte no es más que la conclusión en vida de nuestros planes. Yo los ayudé a concluir a todos ellos. Mi santuario, él me entiende. Soy una buena persona. No hice más que acelerar un proceso inevitable del que nadie se salva. Les ahorré sufrimiento y decepción.
Luego, siempre que miro atrás para volver a través del camino de los cipreses; veo de soslayo a la entrada. El origen de tanta luz… el origen de mi destino.
Ésta vez iba a entrar. Estaba solo, nadie me observaba, nadie se haría cargo de mí pasara lo que pasara ahí dentro. El calor era cada vez mayor. Comenzaba a sentirme extrañamente húmedo en mi cuerpo. Y de golpe, en el piso me hallaba protegiendo mi cara de tanta luz. El contacto de mis dedos con el picaporte produjo tal efecto. Y allí, en el piso, apoyándome en mi propio brazo, supe que, sería la última vez que viera luz.
Estaba ahí a punto de entrar en mi santuario por primera y última vez entraría en las catacumbas que es lo único que quedo intacto ya que se encuentra bajo tierra y solo yo conozco la entrada. Estoy en el marco de la puerta este es el momento que tanto eh anhelado voy a descansar al fin libre de pecados y de culpas una vez dentro podré dormir eternamente sin preocuparme por mis victimas ya que estaré limpio y tranquilo.
Pero una luz de linterna distrae mi atención, es un hombre vestido de campera gris, lleva algo en el brazo izquierdo.
—Eres el nieto de Mary, nosotros te conocemos sabemos lo que hiciste. —Me dijo aquel hombre poniendo una linterna en mi rostro.
La luz me impedía ver su aspecto y todo a mí alrededor, mas figuras humanas vuelven a rodearme.
¡No lo permitiré debo atravesar la puerta no pueden quitarme mi inquisición!.
Dentro de mi desesperación intento voltearme y dejo de prestarles atención, creo escuchar algo sobre una mano propia e intento huir.
Empiezo a correr dentro del bosque pero me están cazando, busco mi libertad no escapo de ellos, sino de un destino que no pretendo cargar sobre mis hombros. Como una llovizna un domingo a la tarde; siento el desgano de una situación fuera de mi control. Busco abatir esta situación, buscar una salida que esta fuera de los márgenes de mi propia mente. Como si buscara en mi interior una respuesta a mis deseos y mis consecuencias. Era en las flores donde encontraba paz. Claro que no me refiero al pueblo, sino a la estructura reproductiva de las fanerógamas. Besando la tierra, enrollándome entre pasto y malezas, nuevamente encuentro la paz. Alejado de todas esas situaciones que corren como veneno sobre nuestro temple, sobre nuestra conciencia y trae a nosotros las más miserables ideas de supervivencia. En mi cabeza la imagen de la puerta, el final podría haber sido muy distinto, Mi final.
Ésta historia la escribimos Sally y yo gracias a un .doc en una carpeta compartida en el laburo. La idea se engendró de a dos y paulatinamente. Muchas gracias por haberla leído.
5 comentarios:
Bueno chicos, me parece muy lindo que se pongan a escribir juntos.
Acerca del cuento puedo decir que me costó mucho entenderlo y mantenerme concentrado, quizás por la gran cantidad de metáforas que tiene sumado a que suelo ser de los últimos que se dan cuenta de las cosas en las películas :)
Bueno, sigan así y quizás algún día si escribo algo se los paso.
Un abrazo !
Maxi.
Buenas tardes... :)
Tras haber leído su cuento la primer vez interpreté algunas cosas, que luego de haberlo releído me dí cuenta que sólo las creó mi cabeza... es decir nada que ver jaja
Pero aún así me parece un cuento muy bueno y me gustaría seguir leyéndolos. Sigan así chicos, tienen todo mi apoyo :)
Un beso grande a los dos !
danito!!! (...) :D
bueno, increiblemente este cuento produjo, imagino, el efecto esperado en el lector...
quizas no será interpretado del mismo modo por ninguno pero que gustó, gustó; eso no lo podemos negar...
los felicito, espero que continúen haciéndolo porque evidentemente tienen talento...
Besos...
La verdad que me gustó mucho... No sabía que Dani le gustaba escribir jeje, y debo agregar que me atrapó :D
Encantado de leer más, ahora que tengo internet de nuevo revisaré el blog más seguido :)
Un beso!
Desde mi propia imaginería les auspicio creación y diversión en la escritura a duo, individual o como sea. Bienvenido el cuento y su aporte a la lucha interior interminable en la humana ida y vuelta por el bien y por el mal!! Esperamos otros más, felicitado!!!!
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